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Las Semanas de Teatro

Durante muchos años pertenecí al grupo de teatro de la Facultad de Derecho y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. La compañía dirigida por mi amigo Refugio Hernandez Ledezma dio un prestigio nacional e internacional a nuestra Alma Mater. Durante los años que estuve en la universidad, se organizaron las llamadas semanas de teatro. Cada una dedicada a un dramaturgo en particular. Recuerdo que la de 1985 fue dedicada al entonces joven escritor, Flavio González Mello, un boom a nivel mundial en esa época. Sus obras ganaron premios en festivales como el Toyama International Amateur Theater Festival, en Yokohama Japón y al mismo tiempo  en Australia. Se organizaron eventos también en honor de Sabina Berman, de Carlos Olmos Y si la memoria no me falla de Ricardo Perez Quitt. Numerosos y jóvenes artistas nacionales se presentaron en el teatro del aula magna de la UAT. Lo que les voy a narrar ocurrió durante el festival realizado en 1988. En ese año asistió una compañía representativa de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. La gran mayoría de los actores y actrices pertenecían a la república de Georgia. Al frente de ellos venía un representante del Ministerio de cultura cuyo nombre no recuerdo, también estaba un agregado de cultura de la embajada, de nombre Vladimir y y un tímido escritor de nombre Guram Batiashvili. La delegación estaba formada aproximadamente por 15 personas. Entre ellas venía una directora de teatro muy reconocida, y tres chicas de quienes recuerdo sus nombres y con quienes me tomé una fotografía, Irina Lika y Medea. En esa época además de estudiar la carrera y formar parte de la compañía teatral, tomaba al mismo tiempo clases de inglés y francés en la Facultad de Ingeniería y aparte durante varios meses acudí a tomar clases de ruso en el Tec de Madero, cuando en esa escuela funcionaba un laboratorio de ese idioma. Así que por obvias razones mi amigo y director, Cuco me comisionó para que estuviera en contacto diario y permanente con la delegación de la URSS. Acompañado por mi amigo Oscar Torres Medina, todos los días nos presentábamos  en el hotel Galerías que estaba ubicado en la calle Héroes de Chapultepec, para ponernos a disposición de ellos y atenderlos. Con Valentín,que siempre pensé que era un agente de la KGB, y con Guram platicábamos todos los días. Valentín, hablaba un perfecto español además de otros idiomas, y constantemente se refería a su amistad con Víctor Flores Olea entonces alto funcionario gubernamental a nivel federal. Guram era un tipo bastante afable, aunque muy reservado. Sin embargo podíamos platicar y recuerdo sus anécdotas. Él me platicaba que sus padres habían sido prisioneros de un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Con ellos dos recorrimos varias veces la zona centro de Tampico y también la zona portuaria, es decir la aduana marítima. Valentín constantemente me hacía preguntas sobre política y acerca de Estados Unidos. Yo le platicaba lo que aparecía en los periódicos de esa época. Un día me pidieron que los llevará a conseguir una videocasetera formato vhs y de marca Panasonic. Recorrimos algunas tiendas de la zona centro y encontramos el dichoso aparatito en una farmacia, la farmacia Benavides. Le pregunté por qué en particular Panasonic y Valentín me contestó que esa marca era la compatible con los voltajes que tenían en la unión soviética en esa época. Oscar, Nicolás otro amigo del grupo de teatro y yo, durante las tardes pasábamos por Lika, Irina y Medea para llevarlas a la zona centro. Lika hablaba un perfecto inglés y las demás solamente ruso y georgiano. Recuerdo perfectamente cuando vieron por primera vez a un señor vendiendo raspas en un carrito. Así que les invitamos unas y también diversas golosinas e incluso hasta unas bolsas de rancheritos con salsa valentina. También me acuerdo que fuimos al arteli de la zona centro y se compraron medias, cuando en esa tienda vendían algo de ropa. Durante los días que estuvieron en Tampico, visitaron la FDYCC, e incluso se organizó una comida en la cafetería a la que asistimos todos. Dos días antes de que terminara el festival y que por consiguiente ellos retornaran a su país de origen, ocurrió algo. Una de las chicas, Irina, enfermó por comer algo con salsa picante, durante una noche. Como en ese entonces vivía yo a dos cuadras del hotel, y les había dado el número telefónico de la casa para cualquier reporte, me avisaron a mí primero. Era ya casi la medianoche cuando fui para saber qué ocurría. Al saber qué Irina había enfermado, fui a buscar a un doctor que conocía y que vivía a cuadra y media del hotel. El médico amablemente acudió para atenderla y recetarle algunos medicamentos. Todos se quedaron alarmados. Pensaron que sería algo más grave pero no. Pues era solamente una diarrea. Jeje. Lo mejor ocurrió la noche siguiente. En un área del hotel, la mayoría de los miembros del grupo de teatro encabezados por Cuco estuvimos ahí en una reunión con los artistas soviéticos. Ellos reclamaban por qué había enfermado su integrante, ya que tenían la idea y la creencia de que era el gobierno quien se encargaba de su hospedaje y de su alimentación. Lo que no era exacto. Para la realización del festival se contaba solo con el apoyo parcial de la universidad. Ni el gobierno del estado o el gobierno federal apoyaban esa clase de actividades. De hecho, el hospedaje y parte de la alimentación de los grupos participantes se pagaba del producto de las entradas a las obras, boletos que vendíamos los integrantes del grupo, para poder  allegar de recursos a la compañía teatral. No había patrocinios en esa época, como tampoco en ésta. Cuando la directora de teatro de la URSS y los miembros de la delegación supieron eso, muchos de ellos lloraron. Recuerdo todo porque yo era el traductor entre Cuco y ellos. Con Irina me comunicaba en inglés y con la directora de teatro en francés. Cuco me decía: “Diles que nosotros nos encargamos de todo y que lo hacemos con mucho gusto y que lamentamos lo ocurrido”. Yo me encargaba de hacerlo saber a ellas para que supieran lo que pasaba. Esta fue una de las noches más intensas que viví cuando estaba en el grupo de teatro. Todos nos abrazamos y compartimos un mismo sentimiento de unidad. No importaba el idioma. Los abrazos son UNIVERSALES. Cuando se clausuró el festival todos llevamos regalos para obsequiárselos. Yo llevé bolsas con chocolates y dulces, tarjetas postales y algunos libros. Recuerdo que Nicolás y José Luis López Vázquez, Qepd, llevaron muñecos de peluche. A mí la directora de teatro me regaló un disco que aún conservo con cantos georgianos, varias tarjetas postales de Tbilisi y algunos artículos religiosos. Actualmente sólo tengo conocimiento de que Guram es el presidente de la sociedad mundial de escritores judíos y que después de la caída de la URSS, se convirtió en un referente cultural de su país.

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